10.4.12

Esa tarde lo supe tan bien, podía desearte de la misma forma el resto de las tardes. Pero el tiempo que siguió pasó en blanco, algunas palabras nerviosas y algunos silencios enlatados en un ascensor ¿Te dabas cuenta cuando te tocaba con los ojos?
Después llegó la distancia y en ese espacio destinado a separar, según el diccionario, tomamos vino en la misma mesa, te canté, te bailé, sentí tus manos, te conté las frases que subrayo en los libros, te llevé a ver películas y hasta te llevé a ver al Che.
¿Dónde no fuimos a encontrarnos? Supongo que ayudé al destino cuando pensé que nunca podrías mirarme como mujer. Entonces todo quedó en un metejón metido en las tripas, contenido en respeto, todo quedó en deseo de un solo lado de la cama; y siendo dos cronopios, eso es un gran desperdicio.

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